| Es tal vez la estación más festiva del año. Puede ser buena ocasión, entonces, para desbaratar aquellos prejuicios que le ponen cerco a los placeres. Por ejemplo el del vino blanco. ¿Cómo beber otra cosa cuando el calor arrecia y a la mesa llega algún manjar elegido por su frescura? | | | Simplemente se antoja. Igual que se antoja enfriar el vino tinto porque a nadie le gusta sumarle más calor al acaloramiento. Este número lo hemos dedicado entonces a esos vinos primaverales, a los que en verdad ansiamos más allá de ideas preconcebidas: blancos, rosados, espumosos y los tintos ligeros que sí se dejan enfriar. Por otro lado estuvimos, aun en medio de los últimos estertores del invierno, en Priorato, donde seguimos la trayectoria de una región que, de ser proveedora de vinos bastos para otras denominaciones españolas, escaló a la cima de la fama. En el camino hizo a su vez famosos a los enólogos que supieron aprovechar su potencial para lograr vinos de una gran calidad. Ellos, así como la nueva generación que está tomando el relevo y un grupo de artistas y cantautores apenas llegados literalmente a la escena, fascinados ahora con la huella del vino en esas montañas talladas, son la materia de la nota que nos envía Oscar Caballero. En España visitamos también, en Rioja, la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal, un conjunto arquitectónico que fue creciendo desde el nacimiento de la bodega, en 1858, hasta culminar en el impresionante edificio diseñado por Frank Gehry, que alberga un magnífico hotel cinco estrellas inaugurado en enero. La heterodoxia paisajística de la bodega, que ha sabido armonizar viejos edificios y calles que datan del siglo xix con el trazo del arquitecto que representa una de las corrientes estéticas más renovadoras en su disciplina, refleja un concepto que también está presente en sus vinos y que supera la controversia entre lo tradicional y lo moderno: cuando la calidad es buena, las diversidades de estilos no son dogmas, son sólo opciones de gusto que pueden convivir en auténtica armonía. |
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